sábado, 19 de febrero de 2011

Escolta Nocturno

Atento vigía de almas
blancas, transparentes, vivas,
surcando valles besanos,
campos de embrujos y divas.
Sutiles dinteles silentes
entre las ingentes cimas.

Sentado sobre la arena
frío témpano, helado
testigo de aquella fiera
frontera de un millón de sueños
que aturde, llama y resuena
que marca con pulso firme
los lindes de mi gran tierra.

Cóctel de bronce e ímpetu,
ardiente escollo de su ser,
deja que ocupen tu puesto
permítele resplandecer.
No reniegues su existencia
pues ha tomado tu poder.

Dúctil coloso nocturno
sereno irruptor de mudez
sigue la estrella luciente
que con su estela sacude
sutilmente y con dulzura
el desaforado fuelle.








lunes, 7 de febrero de 2011

Epífora.

Escúchalo.
Es el sonido de la desilusión
Resbalando entre las montañas,
marfiles ardiendo que son testigos
testigos del atardecer que delatan.

Siéntelo.
Como desciende milímetro a milímetro
erizando el tacto, los olores, los sabores, la vida,
que se escapa temblorosa entre los recuerdos
míseros y amargos y dolorosos y baldíos
y tuyos.

Niégalo.
Engaña a tu ser con una trampa,
esculpida entre los recortes de un pasado
hiriente y maldito
pero también nuestro.


Escóndelo.
Dibuja un pequeño gesto desesperado
que oculte las verdades que el corazón
fruto dehiscente de primavera
ya no guarda.

Acéptalo.
Entrégate a la realidad irresoluble
a largas horas de sufrimiento
dolor, angustia, opresión.

Entrégate.
A la epífora.