Atento vigía de almas
blancas, transparentes, vivas,
surcando valles besanos,
campos de embrujos y divas.
Sutiles dinteles silentes
entre las ingentes cimas.
frío témpano, helado
testigo de aquella fiera
frontera de un millón de sueños
que aturde, llama y resuena
que marca con pulso firme
los lindes de mi gran tierra.
Cóctel de bronce e ímpetu,
ardiente escollo de su ser,
deja que ocupen tu puesto
permítele resplandecer.
No reniegues su existencia
pues ha tomado tu poder.
Dúctil coloso nocturno
sereno irruptor de mudez
sigue la estrella luciente
que con su estela sacude
sutilmente y con dulzura
el desaforado fuelle.