mis manos ante mis ojos
rudos testigos del atardecer
el sol se esconde finalmente
en las dobleces de mi piel.
jubiloso y efímero martirio
no tientes de nuevo mi fe
los años han pasado
ya es hora de yacer.
No me aferro a la vida
no me agarro al poder
con el tiempo he olvidado
todo lo que llegué a ser
Desesperado y doliente
sólo puedo transmitir
que en un cuerpo inerte y frío
me deseo convertir,
pues infierno es una vida
que ya no puedes vivir.
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